
La Hermandad de la Defensión expresa su más hondo pesar por el fallecimiento del religioso capuchino Fray Antonio Ruiz de Castroviejo, quien durante más de tres décadas estuvo vinculado al Convento de Capuchinos de Jerez y dejó una profunda huella en la vida religiosa de nuestra ciudad y, de manera muy especial, en nuestra corporación.
Nacido en el sevillano barrio de San Bernardo, ingresó muy joven en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Tras su paso por distintas comunidades, llegó al Convento de Capuchinos de Jerez en agosto de 1988, donde desempeñó en distintas etapas el cargo de guardián, además de ser Definidor Provincial.
Durante su ministerio impulsó la vida pastoral y social del convento, promoviendo la actividad litúrgica, la formación y el compromiso con los más necesitados, convirtiendo Capuchinos en un referente espiritual para numerosos jerezanos.
Para nuestra Hermandad, Fray Antonio fue mucho más que un religioso. Encontramos en él un apoyo constante, un consejero cercano y un colaborador incansable, cuya entrega resultó decisiva en diferentes momentos de nuestra historia. Buena parte de la impronta de nuestra cofradía lleva su sello, fruto de su cariño y dedicación hacia la Hermandad.
Asimismo, el ajuar de María Santísima de la O se enriqueció gracias a diversos regalos realizados por Fray Antonio y por su familia, muestras de un afecto que siempre profesó a nuestros Sagrados Titulares. Como reconocimiento a esa entrega, la Hermandad le rindió un emotivo homenaje en el año 2011, en un acto que contó con la presencia, por sorpresa, de varios de sus familiares.
Además de su dimensión pastoral, Fray Antonio destacó por su creatividad, especialmente en la decoración floral del convento y en la realización de sus extraordinarios belenes, que cada Navidad atraían a miles de visitantes. También mostró siempre una especial sensibilidad por la conservación y enriquecimiento del patrimonio artístico y litúrgico del templo capuchino.
En 2021, debido al deterioro de su estado de salud, dejó Jerez para recibir los cuidados necesarios por parte de la Orden Capuchina. Su marcha supuso una gran tristeza para cuantos tuvieron la fortuna de conocerle y compartir con él tantos años de servicio.
Hoy, la Hermandad de la Defensión eleva sus oraciones por el eterno descanso de su alma y agradece a Dios el regalo de haber contado entre nosotros con un fraile cuya fe, generosidad y amor a la Iglesia permanecerán para siempre en nuestra memoria.
Descanse en la paz del Señor.