Por Francisco de Asís García de Luna
Doctor en Musicología y Organista
Son tiempos difíciles para los fieles católicos en general y más especialmente, para los miembros de sus Hermandades y Cofradías, en lo que a conservar y preservar el legado litúrgico de los que nos antecedieron en la fe. Por ello, en este pequeño artículo se ofrecen algunas notas históricas y devocionales sobre una antiquísima pieza musical mariana propia del tiempo de Cuaresma: el Ave Regina Caelorum. El objetivo no es otro que recuperar ese culto excelso y glorioso que otrora daban nuestras Hermandades y Cofradías, poniendo el foco en la música litúrgica dedicada a la Santísima Virgen María.
Aunque cada vez más inusual, es de sobra conocido que, tras la finalización del Santo Sacrificio de la Misa, sea costumbre entonar siempre o casi siempre una salutación a la Santísima Virgen, o dicho de manera más litúrgica una Antífona Mariana. Por norma general, la Salve Regina cantada en latín, o la Salve Madre cantada en nuestra propia lengua vernácula suelen ser las más habituales.
Cabe reseñar que, en realidad, son cuatro las Antífonas Marianas existentes en el Liber Usualis, cuyo nombre exacto sería el de Liber usualis missæ et officii pro dominicis et festis cum cantu gregoriano -una colección de canto gregoriano utilizada por la Iglesia Católica en su rito romano, transcrito solo en notación cuadrada y escrito sobre un Tetragrama (4 Líneas). Esta música modal monódica en latín es interpretada en la Iglesia desde el siglo VIII hasta nuestros días.
Las cuatro antífonas marianas conocidas son Alma redemptoris mater, Ave regina caelorum, Regina caeli laetare y Salve Regina y se distribuyen a lo largo del calendario litúrgico, de modo que, la primera se entona durante el Adviento y Navidad (exactamente hasta el 2 de febrero, celebración de la Candelaria), la segunda durante la Cuaresma (antiguamente empezaba en la fiesta de la Purificación de la Virgen y continuaba durante el tiempo de septuagésima, sexagésima, quincuagésima y Cuaresma hasta el Miércoles Santo), la tercera desde Pascua de Resurrección hasta Pentecostés, y la cuarta desde el lunes siguiente a Pentecostés hasta el fin del año litúrgico, encadenándose así con la primera de las antífonas.
La que nos ocupa hoy es conocida como Ave Regina Caelorum y es la antífona propia de Cuaresma y por tanto, la apropiada en la finalización de los cultos de este tiempo litúrgico. Sin embargo, el desuso en el que ha caído debido al monopolio de cantar siempre la Salve, la ha convertido en una víctima más del ostracismo litúrgico musical, como otros cantos tradicionales vinculados a la adoración eucarística. Este fenómeno no sólo ocurre en las Hermandades y Cofradías, sino también en las Parroquias, que relegan el Ordo Antico por el Novo Ordo.
A diferencia de los cantos de origen bíblico que constituyen la base del canto gregoriano, las oraciones marianas se incorporaron relativamente tarde a la liturgia latina. Una de las primeras menciones a estos cantos la encontramos a finales del siglo XI en la recomendación, por parte del papa Urbano II, de cantar la antífona Salve Regina; aunque la Iglesia de Roma solo hizo normativo el canto de estas cuatro antífonas marianas en el siglo XIII.
Las fuentes musicales del Ave Regina caelorum corroboran estas fechas pues –al igual que sus tres antífonas «hermanas»– esta oración no figura en los antifonarios más antiguos, sino que solo aparece a partir del siglo XII, como podemos ver en estos manuscritos:

Bibliothèque National de France, Antiphonarium ad usum Sancti Mauri Fossatensis (Cod Latin 12044, f.177v), 1er cuarto siglo XII.

Badische Landesbibliothek, Antiphonarium Benedictinum totius anni (Cod. Aug LX, f.236v), final siglo XII.

Bibliothèque National de France, Antiphonaire à l’usage de l’église de Sens (Cod NAL 1535, f.97r), comienzo del siglo XIII.
Realmente se desconoce su origen, aunque hay quien la atribuye a Hermannus Contractus y otros a San Bernardo de Claraval. Su texto en latín y traducción son las siguientes:
Ave Regína caelórum. Ave Dómina Angelórum. Salve radix, salve porta, ex qua mundo lux est orta. Gaude, Virgo gloriósa, super omnes speciósa; vale, o valde decóra, et pro nobis Christum exóra.
Salve, Reina de los cielos, y Señora de los ángeles; salve, raíz; salve, puerta que dio paso a nuestra luz. Alégrate, virgen gloriosa, más que todas hermosa; salve, oh, Virgen agraciadísima, ruega a Cristo por nosotros.
Por ello, espero que este pequeño artículo ayude a los Cofrades Jerezanos y en especial, a los piadosos hermanos de la Defensión, a recuperar este fragmento de ese olvidado legado musical, devocional y mariano, de manera que les ayude a ahondar en su devoción a la Santísima Virgen de la O.
Les invito a aprender esta bellísima antífona que, de seguro, os permitirá experimentar el placer espiritual que supone cantar en latín al final del Santo Sacrificio de la Misa, o en otros actos piadosos como el solemne traslado al paso de la Santísima Virgen de la O o del Cristo de la Defensión, manteniendo vivo ese entusiasmo por engrandecer no sólo nuestros desfiles procesionales, sino también la liturgia, expresión de la vida sacramental de la Iglesia. Así pues sirva este pequeño artículo a modo de invitación para que cantéis el Ave Regina Caelorum así como el Alma redemptoris mater en la fiesta del 18 de Diciembre. La Santísima Virgen de la O quedará muy complacida con todos vosotros.
NOTA: en el siguiente enlace se incluye la antífona a una sola voz en tono simple para aquellos que quiera aprenderla Ave_Regina_Caelorum.
Fotografías: Jesús Manuel Guitarte
Voz y órgano: Gonzalo Robert Lucena
Edición: Andrés Pérez Montilla








