
La visita del Santo Padre a España deja una idea de fondo que conviene no pasar por alto: la religiosidad popular sigue teniendo hoy una fuerza real para sostener la fe cristiana y acercarla al pueblo.
Que el Papa haya querido detenerse en una reflexión así sobre la religiosidad popular dice mucho. Algo estaremos haciendo bien las cofradías cuando la Iglesia pone la mirada, precisamente, en esa manera tan nuestra de vivir y transmitir la fe.
Muchos hemos podido seguir esta visita gracias a la cobertura de los medios de comunicación, y es justo agradecer cómo, tanto desde el ámbito local como nacional, han acercado a tantos fieles las palabras del Papa. Entre ellas, una idea especialmente reveladora: la piedad popular «da testimonio del fecundo encuentro entre Jesucristo y vuestro pueblo». Precisamente por eso, no puede quedarse en lo externo ni en la costumbre, sino que ha de ser una verdadera escuela de vida cristiana, capaz de ayudarnos a vivir el Evangelio con verdad.
Ahí está la tarea de nuestras hermandades: cuidar una fe auténtica, formar a nuestros hermanos, fortalecer la fraternidad y traducir la devoción en compromiso cristiano. Si perdemos eso, corremos el riesgo de vaciar de sentido una herencia que durante siglos ha sostenido a tantas generaciones.
Las cofradías, tan ligadas a nuestra manera de vivir la fe, siguen siendo un camino privilegiado para transmitir el Evangelio: una catequesis viva, un lenguaje que el pueblo entiende y una manera concreta de encontrarse con Dios. Pero solo conservan su sentido cuando nacen de una convicción sincera y se convierten en testimonio.
Ese mensaje conecta de lleno con lo más profundo de nuestras tradiciones. Las procesiones no son solo una tradición; son un modo de anunciar a Cristo y de recordar que el Señor también nos espera en el pobre, en el enfermo y en quien sufre. Ahí se mide su autenticidad.
El Papa también nos anima a no vivir una fe cómoda o encerrada en sí misma, sino comprometida con la realidad y con los demás. Esa llamada, en una sociedad tantas veces dividida, nos interpela de una manera muy directa.
Para la Hermandad de la Defensión, estas palabras son una invitación clara: cuidar una fe que una culto y caridad, tradición y misión. Ese sigue siendo el verdadero reto cofrade.
Ahí está el mensaje más hondo que deja esta visita: la religiosidad popular solo conserva toda su fuerza cuando se convierte en fe vivida, caridad concreta y compromiso con los demás.
Jorge Bernal Suárez
Hermano Mayor